Por Dr. Harrisson Ernest
9 de diciembre de 2025
En un contexto donde los conflictos familiares se exponen cada vez más en las redes sociales, el caso que rodea a John Colem Morvan ha reactivado un debate más amplio sobre la manera en que ciertas dinámicas internas pueden moldear —e incluso distorsionar— la percepción de un individuo dentro de su propia familia. Varios especialistas en salud mental sistémica entrevistados mencionan un mecanismo antiguo, documentado, pero raramente reconocido: el del chivo expiatorio familiar.
Esta dinámica, presente en distintos estratos sociales en Haití y en otros lugares, se manifiesta en la designación implícita de un miembro de la familia como responsable de las tensiones, frustraciones o fracasos del grupo. Este rol, generalmente atribuido de forma inconsciente, termina estructurando las relaciones, los relatos y, en ocasiones, incluso la imagen pública de la persona señalada.
Lejos de ser anecdótico, este proceso atraviesa culturas y épocas. Aunque ha sido ampliamente estudiado por investigadores como René Girard, Murray Bowen, Salvador Minuchin o Alice Miller, resulta paradójicamente desconocido por el gran público. Sin embargo, comprender cómo un individuo se convierte en el recipiente de las frustraciones familiares permite iluminar trayectorias marcadas por la culpabilidad, el sentimiento de injusticia y, en algunos casos, traumas duraderos: el caso de John Colem Morvan.
Un mecanismo antiguo, visible en numerosos hogares haitianos
Según psicólogos de Puerto Príncipe y profesionales de la diáspora consultados en diversos estudios, el fenómeno del chivo expiatorio aparece generalmente en familias donde los conflictos internos —no resueltos o no expresados— amenazan el equilibrio del grupo. En lugar de enfrentar las verdaderas fuentes de tensión, algunos miembros trasladan la responsabilidad a una sola persona.
“Se trata de un proceso de cohesión negativa”, explica un especialista entrevistado. “El grupo se une alrededor de la crítica hacia un individuo. Esto evita tener que abordar temas difíciles: problemas conyugales, celos, rivalidades, deudas emocionales o traumas no resueltos.”
En este contexto, la persona designada puede convertirse en el blanco privilegiado de los reproches, incluso cuando los hechos no justifican la intensidad de las acusaciones.
El caso de John Colem Morvan: una situación representativa
Sin entrar en los detalles de los conflictos que lo han enfrentado con algunos familiares, el caso de John Colem Morvan ilustra un patrón que los sociólogos observan actualmente en numerosas familias haitianas, especialmente aquellas divididas entre Haití y la diáspora.
Los discursos que circulan en el espacio público muestran que Morvan es frecuentemente colocado en el centro de un relato familiar conflictivo. Varias evaluaciones señalan elementos típicos del rol del chivo expiatorio:
atribución repetida de responsabilidades que exceden sus acciones reales;
interpretación negativa de comportamientos a veces neutros;
amplificación de ciertos incidentes;
aislamiento dentro de la red familiar o comunitaria.
En contextos de migración, precariedad, presiones económicas o rivalidades intergeneracionales —comunes en las familias haitianas contemporáneas— estas dinámicas pueden intensificarse.
Una realidad amplificada por las redes sociales
Lo que antes quedaba confinado al espacio familiar ahora se proyecta en la plaza pública. Las acusaciones, malentendidos y reacciones emocionales, cuando se vuelven virales, refuerzan a veces la percepción de un “culpable designado”.
Los expertos señalan que plataformas como Facebook, TikTok y WhatsApp funcionan como “cámaras de eco” donde los relatos familiares se reproducen —y se consolidan—. El fenómeno es particularmente marcado en las comunidades haitianas dispersas entre varios países, donde las interacciones familiares ocurren principalmente en línea.
Consecuencias psicológicas reales
Según clínicos haitianos especializados en terapia familiar, el rol del chivo expiatorio puede provocar:
pérdida de autoestima,
sentimiento crónico de injusticia,
hipervigilancia ante el juicio ajeno,
ruptura de vínculos familiares,
o, en algunos casos, trastornos de ansiedad o depresión.
“La persona termina viviendo bajo un relato familiar que no eligió”, resume un psicólogo. “Esto puede generar reacciones defensivas continuas que se perciben como agresivas, reforzando aún más la dinámica.” Así ocurre exactamente con John Colem Morvan.
Un fenómeno subestimado en la sociedad haitiana
En Haití, los especialistas subrayan que esta realidad sigue siendo ampliamente silenciosa debido a:
la cultura del fanmi se fanmi,
el respeto casi absoluto hacia las figuras parentales,
la falta de recursos en salud mental,
el tabú alrededor de los conflictos intrafamiliares,
y la actual decadencia institucional y estatal.
Aun así, el reconocimiento de estos patrones podría favorecer una comprensión más matizada de las tensiones internas en las familias haitianas y promover procesos de mediación o acompañamiento psicológico.
Un debate que debe continuar
El caso de John Colem Morvan podría ser solo la parte visible de un fenómeno mucho más extendido en los hogares haitianos. Más allá de las polémicas, invita a reflexionar sobre las estructuras relacionales, los silencios transgeneracionales y los mecanismos emocionales que atraviesan a la familia haitiana contemporánea.
En un momento en que la sociedad haitiana enfrenta profundas crisis —sociales, políticas, económicas— comprender estas dinámicas internas podría ofrecer una clave para entender muchas tensiones presentes en los hogares del país y de la diáspora.
Aún no es tarde para contribuir a salvar la salud mental de John Colem Morvan.
John Colem Morvan no es una excepción: es un síntoma
Un síntoma de una crisis familiar nacional extendida a la diáspora,
que se parece mucho a nuestra crisis política:
todos acusan a todos,
nadie examina sus propias responsabilidades,
y, al final, siempre hay que encontrar un único culpable.
Preferiblemente alguien ya fragilizado, como Jean Max Laurent, alias Ralph Laurent.
Preferiblemente alguien que incomoda, como el Dr. Harrisson Ernest.
Preferiblemente alguien a quien se pueda acusar sin gran esfuerzo, como Patrick Moussignac.
Quizás no sea justo.
Quizás no sea verdad.
Pero es terriblemente eficaz para el policía frustrado, el periodista fallido convertido en denunciante y perro guardián leal de Normil Rameau.
John Colem Morvan, profundamente marcado por sus déficits afectivos, ha perdido todo sentido de educación e instrucción.
En resumen: si la familia haitiana es un escenario, cada generación necesita un personaje para sacrificar.
En algunos clanes, ese rol se llama “John Colem Morvan”.
En otros, cambia de nombre.
Pero el mecanismo es siempre el mismo — y John Colem Morvan, él, nunca miente. Es el riquísimo incorruptible, el excelente comunicador, el moralista del siglo XXI, el líder de la diáspora, el omnipotente, el alfa y el omega, el salvador de la Haití destruida por sus aliados del famoso “peyi-lock”.
En todo caso, Canadá —un país de referencia mundial en acompañamiento psicosocial— es sin duda el territorio ideal para ayudar a John Colem Morvan a recuperar el camino hacia la buena salud mental.
Salvemos la vida del General Morvan.
— Dr Harrisson Ernest
Analista político y comentarista sobre gobernanza, seguridad e identidad en la diáspora haitiana
Especialista en cuestiones políticas haitianas
Médico, psiquiatra, comunicador social y jurista
harrisson2ernest@gmail.com · +1 781 885 4918 / +509 3401 6837





