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Haití – Territorios perdidos: la operación “anti-secuestro” en Bel-Air reivindicada por VIV ANSANM¿Un acontecimiento para banalizar… o un giro inquietante que debe ser cuestionado?

Por Dr. Harrisson Ernest – 18 de diciembre de 2025

Una operación armada espectacular, presentada como una acción “anti-secuestro”, sacudió el barrio de Bel-Air durante el fin de semana pasado. La sorpresa fue notable: no fue la Policía Nacional de Haití (PNH) la que reivindicó la autoría, sino el grupo armado VIV ANSANM —declarado organización terrorista por los Estados Unidos de América—, una de las múltiples entidades no estatales que hoy controlan amplias zonas de la capital, más allá de los llamados grupos de autodefensa.

Numerosos habitantes, paralizados entre el miedo y el alivio, tienen dificultades para comprender quién ejerce realmente el control: el Estado o los grupos armados.

Cuando los grupos armados sustituyen al Estado

Si bien el hecho impacta, ya no resulta realmente sorprendente.
Ante la ausencia de operaciones de seguridad regulares por parte de la PNH en varios barrios estratégicos de Puerto Príncipe, los grupos armados han llenado el vacío:

  • controlan los puntos de acceso,
  • regulan la circulación,
  • arbitran conflictos,

y en ocasiones afirman “proteger” a la población frente a otras bandas.

La intervención de VIV ANSANM parece inscribirse, por tanto, en un contexto en el que los grupos armados se han apropiado progresivamente de funciones soberanas —justicia, defensa y seguridad— bajo la mirada impotente o ausente del Estado.

¿Operación de seguridad o demostración de poder?

El mensaje público del grupo, de tono triunfalista, busca tanto tranquilizar a los residentes de Bel-Air como recordar al país entero que dispone de capacidad operativa, disciplina interna y un territorio que pretende “administrar”.

Tres interpretaciones son posibles:

  1. Un hecho banal dentro de la lógica de los territorios perdidos

Según esta lectura, Bel-Air dejó de estar bajo control efectivo del Estado hace mucho tiempo.
Que un grupo decida “hacer de policía” no sería más que una etapa lógica en un proceso continuo de debilitamiento institucional.
Sería la normalización de una anomalía.

  1. Un giro inquietante que revela reconfiguraciones internas entre bandas

Una operación “anti-secuestro” también puede servir para:

  • eliminar a un grupo disidente,
  • neutralizar a un rival,
  • enviar una señal estratégica a otras federaciones armadas,
  • o reposicionar alianzas dentro de la dinámica cambiante de la capital.

Desde esta perspectiva, el objetivo no sería la seguridad ciudadana, sino la consolidación de un dominio local.

  1. Un mensaje político velado dirigido al Estado y a los socios internacionales

En un contexto en el que los actores armados observan las vacilaciones de la fuerza multinacional, la debilidad de la PNH y la ausencia de una autoridad unificada, VIV ANSANM podría intentar imponerse como un interlocutor inevitable.

Al demostrar su capacidad de actuar allí donde el Estado fracasa, el grupo se presenta como indispensable en eventuales negociaciones futuras.

Habitantes atrapados entre gratitud forzada y miedo resignado

En Bel-Air, como en otras zonas bajo control de grupos armados, la población vive una paradoja cruel:

cuando la policía interviene, llega tarde, mal equipada o se retira rápidamente;

cuando intervienen los grupos armados, suele ser violento, pero inmediatamente eficaz.

De ahí el discurso ambivalente que se escucha en el terreno:
«Nos callamos, pero liberaron a un grupo de personas que habían sido secuestradas. ¿Qué podemos hacer?»

Esto no es confianza: es supervivencia.

El Estado: ¿ausente o desbordado?

Hasta la fecha, la PNH no ha confirmado ni desmentido el hecho. La prensa local mantiene un silencio llamativo. Una actitud similar se observa entre las organizaciones de derechos humanos, quizá porque no se trató de una masacre como la de La Saline.

En cualquier caso, esta falta de comunicación alimenta las especulaciones:

  • ¿la institución policial realmente no estaba informada?
  • ¿permitió deliberadamente la operación para evitar un enfrentamiento?
  • ¿o simplemente ya no tiene la capacidad de intervenir en Bel-Air?

Cada hipótesis revela una verdad dolorosa:
Haití gestiona hoy zonas donde la autoridad pública existe solo de manera formal.

¿Banalizar o alarmarse?

Banalizar significa aceptar que este tipo de operaciones forman parte de la vida cotidiana de un país fragmentado, donde el Estado ya no controla su territorio.
Alarmarse implica reconocer que cada intervención de este tipo refuerza la legitimidad paralela de grupos armados que actúan como microgobiernos.

En ambos casos, la señal es grave. Más que un simple hecho noticioso, el episodio de Bel-Air pone de relieve uno de los desafíos centrales de la crisis haitiana: el monopolio de la violencia legítima —fundamento de todo Estado— está hoy compartido, disputado o transferido, barrio tras barrio, a bandas armadas de manera informal, pero con poder real.

¿No se trata de un nuevo episodio de la crisis de seguridad en Haití?
¿Debemos callar y fingir que no vemos, no oímos ni comprendemos?
Solo la verdad es justicia: el camino democrático y el verdadero remedio frente al sufrimiento corrosivo de la población haitiana, especialmente de los más desfavorecidos de los barrios populares.

— Dr. Harrisson Ernest
Analista político y comentarista sobre gobernanza, seguridad e identidad de la diáspora haitiana
Especialista en asuntos políticos haitianos
Médico, psiquiatra, comunicador social y jurista
📧 harrisson2ernest@gmail.com
📞 +1 781 885 4918 / +509 3401 6837

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