Por el Dr. Harrisson Ernest
6 de diciembre de 2025
Cuando ocurre un desmayo, una caída o una dificultad respiratoria en un escenario de espectáculo en Haití o en su diáspora, el público contiene la respiración o cae en pánico. Pero lo que llama la atención no es solo la gravedad del incidente, sino la ausencia casi total de reflejos de primeros auxilios. El vacío alrededor de la víctima, las miradas vacilantes, los gestos imprecisos o inadecuados, o el hecho de que la gente se aglomere a su alrededor, revelan un punto ciego dramático en la sociedad haitiana: la falta de formación básica en socorrismo.
- Un déficit estructural presente en todos los ámbitos de la sociedad haitiana
Lejos de ser un fenómeno aislado en las salas de concierto, la falta de reflejos de primeros auxilios se manifiesta en las calles, en las escuelas, en los campos deportivos e incluso en las instituciones públicas. En un país donde las emergencias médicas son frecuentes —accidentes de tránsito, heridas, infartos, dificultades respiratorias, agresiones— muy pocos ciudadanos tienen los conocimientos mínimos para intervenir durante los primeros minutos críticos, aquellos que suelen determinar la supervivencia.
El contraste es particularmente llamativo cuando el incidente ocurre ante miles de espectadores, filmado y transmitido en tiempo real por las redes sociales. Las imágenes muestran a veces artistas inconscientes rodeados de personas en pánico, levantando al herido de manera peligrosa o intentando gestos improvisados.
- El mundo del espectáculo como revelador
Los escenarios musicales —kompa, rap kreyòl, música evangélica— se han convertido en espacios donde esta falta de formación salta a la vista. Los equipos técnicos, los músicos, los organizadores y el público generalmente no están formados en gestos básicos como:
verificar la respiración,
proteger a la víctima sin desplazarla,
evitar movimientos bruscos del cuello y la columna,
alertar a los servicios de emergencia (a menudo inexistentes o inalcanzables),
practicar la reanimación cardiopulmonar (RCP) en caso de paro.
La reacción típica sigue siendo el pánico, o la intervención imprudente de espectadores que “quieren ayudar” pero a veces agravan el estado de la víctima.
- Un problema cultural, pero también institucional
El déficit en primeros auxilios en Haití (o en la diáspora) no es solo una cuestión de comportamiento individual. Está profundamente arraigado en:
la falta de formación obligatoria en escuelas, universidades y lugares de trabajo,
la ausencia de infraestructura prehospitalaria,
la casi inexistencia de servicios de ambulancia funcionales,
la falta de campañas nacionales de sensibilización,
el alto costo o la inaccesibilidad de las formaciones internacionales (Cruz Roja, ONG, etc.).
Los países donde la mortalidad por accidentes es baja no siempre están mejor equipados: están mejor formados. En Haití, esta base esencial nunca se ha integrado en los reflejos ciudadanos.
- Los primeros minutos: la diferencia entre la vida y la muerte
Los profesionales de la salud coinciden: ante un desmayo, un traumatismo o un paro cardíaco, los primeros 3 a 5 minutos son decisivos. Cuando nadie sabe qué hacer, esos minutos se pierden —a veces con consecuencias irreversibles.
Incluso sin equipamiento sofisticado, existe una serie de gestos simples, enseñables a todos, que permiten estabilizar a una víctima hasta la llegada de una ambulancia (cuando llega). Sin embargo, en Haití:
pocas personas saben practicar la RCP,
la mayoría desconoce la posición lateral de seguridad,
muchos aún creen que “ventilar a la víctima” soplándole encima es útil,
y persisten ideas erróneas (dar agua, masajear los pies, rociar alcohol).
- El caso emblemático de los escenarios de conciertos
Los conciertos evidencian la situación porque reúnen tres elementos:
la multitud,
las cámaras,
la imprevisibilidad de la performance física de los artistas
(como el caso de Michael Benjamin y más recientemente el de Pouchon Duverger).
Un artista puede desmayarse en pleno show, un bailarín puede lesionarse, un técnico puede electrocutarse. Pero rara vez se observa una reacción estructurada como:
asegurar la zona,
despejar los cables eléctricos,
sujetar la cabeza y el cuello,
llamar a un equipo médico presente (casi inexistente),
evacuar a la víctima con una camilla y no cargándola en brazos.
La ausencia de protocolo es evidente —y peligrosa.
- Una responsabilidad compartida
Los organizadores de eventos tienen un rol clave. En la mayoría de los países, un espectáculo no puede realizarse sin la presencia obligatoria de:
un equipo médico o de enfermería,
una ambulancia asignada al evento,
un plan de evacuación,
responsables de seguridad formados.
En Haití, la mayoría de los eventos —incluso aquellos que atraen a miles de espectadores— no cuentan con ninguna estructura de emergencia. Todo reposa en la improvisación, la buena voluntad o la creencia de que “Dios protegerá”.
- ¿Cómo salir de este punto ciego?
Existen varias vías para corregir este déficit histórico:
a) Integrar los primeros auxilios en las escuelas
Así como se enseña historia, biología o educación cívica, los “gestos que salvan” deberían formar parte del currículo nacional.
b) Formar a artistas, organizadores y técnicos
Un protocolo simple, adaptado al entorno del espectáculo, puede evitar tragedias.
c) Exigir la presencia de equipos médicos en los eventos importantes
Las municipalidades, el MSPP y la Protección Civil pueden imponer esta norma.
d) Lanzar una campaña nacional
Spots de radio, televisión, redes sociales, demostraciones públicas.
e) Desarrollar una red de ambulancias y socorristas voluntarios
Incluso a bajo costo, un modelo comunitario es viable.
Una emergencia silenciosa
En resumen, es necesario entender que cada desmayo en el escenario, cada cuerpo llevado torpemente por cinco personas en pánico es un recordatorio doloroso: la vida humana a veces depende de gestos simples que muchos haitianos nunca han aprendido. Mientras los primeros auxilios sigan siendo un punto ciego en la sociedad haitiana, los escenarios —como las calles, escuelas y mercados (incluso en la diáspora)— seguirán exponiendo públicamente nuestras vulnerabilidades como pueblo.
Formar a una población no es solo modernizar infraestructuras:
es darle a cada ciudadano los medios para salvar una vida.
De lo contrario, la emergencia seguirá siendo silenciosa en Haití, al igual que la inseguridad. ¡Uff! Haití, una nación oral.
— Dr. Harrisson Ernest
Analista político y comentarista sobre gobernanza, seguridad e identidad de la diáspora haitiana
Especialista en asuntos políticos haitianos
Médico, psiquiatra, comunicador social y jurista
harrisson2ernest@gmail.com – +1 781 885 4918 / +509 3401 6837





